Jul132008
02:44:56
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Sonámbula - 2ª Noche
No podía dormir. Por más que lo intentase, el recuerdo de lo ocurrido la noche anterior le hacía hervir la sangre y mantenerle completamente despierto.
Durante ese día, prácticamente no se habían dirigido la palabra, ni el uno ni el otro, ni siquiera para comenzar una de sus típicas peleas sinsentido. E Ichigo, todo aquello, lo habría podido definir en una única palabra, aburrido. Era terriblemente aburrido no tener a la shinigami a su alrededor haciéndole preguntas estúpidas y sacándole de quicio. ¡Quería las peleas que tenía con ella! ¡Hasta los golpes si hacía falta! Revisando sus pensamientos, se dio cuenta de que ese era un comportamiento con aires de masoquismo, pero en realidad no le importaba. Desde que la conocía, ese había sido el día más aburrido de su vida. ¡Tenía que hacer algo! Quizá el momento menos aburrido -porque tampoco se puede decir que fuese divertido del todo-, fue cuando varios de sus compañeros de clase le preguntaron por la marca roja que tenía en la mejilla, el tortazo cortesía de Kuchiki Rukia, que aún relucía en todo su esplendor como una marca perenne de la verdadera personalidad de Rukia.
Y ahora estaba él allí, tendido de espaldas sobre el colchón, muerto de asco y de aburrimiento. Y encima no podía dormir, porque... ¿y si Rukia volvía esa noche? Nah, imposible, no creía que la orgullosa Kuchiki cometiese el mismo error dos veces... Aunque le dijo que hacía poco había acabado en la cocina... ¿y si acababa en otro sitio, uno peligroso? ¡En el techo! ¡Había una trampilla que conducía al desván, y desde allí se podía llegar al tejado sin ninguna dificultad! O podía salir a la calle y encontrarse con algún desalmado y... Y lo más posible sería que ese pobre desalmado acabase con un par de huesos rotos como se acercase más de lo que debía. Y ella era una shinigami, un tejado no suponía ningún riesgo para ella...
Poco a poco, fue cayendo un sueño ligero, mientras pensaba en más lugares peligrosos, y enseguida los descartaba debido a las habilidades de Rukia. Ya prácticamente se había abandonado a un sueño reparador, que por alguna razón estaba lleno de conejitos del Playboy -mira que casualidad, el mismo dibujito que tenía Rukia en su ropa interior-, cuando la puerta se abrió, lentamente, provocando que las oxidadas bisagras chirriasen y dejasen a más de uno acojonado, y produciendo que en los sueños de Ichigo apareciese Jack el Destripador persiguiendo a los inocentes conejitos del Playboy. Se despertó a un segundo de que uno de los conejitos, que tenía los ojos azules, fuese atrapado. Un poco confundido por el estúpido sueño que había tenido -¿quién hubiese pensado que los conejitos y Jack apareciesen juntos en un sueño? - intentó volverse a dormir, pero nada más recostarse de nuevo sobre su cama, se dio cuenta de que no estaba solo en su habitación. Giró su rostro para poder mirar al intruso, sabiendo de antemano quién iba a ser.
Kuchiki Rukia había vuelto a su habitación.
El muchacho inmediatamente se incorporó, quizá esperando que la shinigami en realidad estuviese despierta y le tuviese que avisar de algún hollow que había decidido molestar por Karakura, pero no, la chica no parecía tener prisas, y ya de paso tampoco ropa, puesto que prácticamente era del mismo tipo que la del día anterior, si se exceptuaban unos pequeños, diminutos pantaloncitos que no cubrían lo necesario. Sus movimientos parecían naturales, pero sin una finalidad última, y sus ojos, completamente abiertos, miraban al vacío.
-¿Rukia?
En realidad sabía que ella no le iba a responder, pero aún así su voz reaccionó al verla. Y poco a poco también su cerebro, que se había encasquillado en la imagen erótica que le ofrecía Rukia en ese mismo momento.
-¡Será mejor que vuelvas a tu habitación! -le dijo en un tono alto, pero moderado, al mismo tiempo que señalaba hacia la puerta de su habitación. Pero por supuesto, ella ni siquiera se inmutó. -¡Joder, Rukia! ¡No tengo muchas ganas de... -la shinigami se movió, lentamente, y comenzó a caminar hacia él, con pasos lentos, gráciles... -Hey, Rukia... -un paso más y ya había alcanzado la cama. -Vu-vuelve a tu cuarto... -ella puso su rodilla sobre el colchón, que apenas se hundió bajo su peso, y se acercó aún más al muchacho, que hacía un esfuerzo descomunal para mantener a raya a todas sus hormonas. -¡Como sigas así voy a pensar que quieres algo!
Sabía que era inútil, lo sabía a la perfección, pero tenía que hacer algo, cualquier cosa, para detenerla. No se tenía por un santo que había prometido la castidad eterna a Dios, y si Rukia seguía comportándose de esa forma, no sabía cómo podría acabar todo esto.
Finalmente ella se tumbó a su lado, cerró los ojos y se acurrucó junto a él.
Si hasta ese momento ya le era difícil dormir, ahora era ya un imposible. Un sueño entre sueños.
-¡Rukia, joder, despierta de una puta vez!
Como respuesta, ella se acercó aún más a él, haciendo que el muchacho desease a la vez una ducha de agua helada y que la maldita Rukia estuviese haciendo todo eso por su propia voluntad, y no porque en su subconsciente algo le mandase a ir allí a dormir... Aunque esa última idea también era deliciosa. A los pocos segundos después de tener esos nefastos pensamientos, se reprendió a si mismo por ser un maldito imbécil y pensar en bobadas. Lo que tenía que hacer era despertar a Rukia y esperar que algo como esto no volviese a suceder.
Un nuevo movimiento por parte de Rukia, que se acomodó aún más en la cama adueñándose de la almohada y estirando las piernas todo lo que podía a lo largo y ancho de la cama, dejando a Ichigo encogido contra la pared.
-¡Serás egoísta! ¡Si te metes en la cama de alguien más sin su permiso, por lo menos no intentes echarle!
Y ella seguía sin escucharle, perdida en su mundo onírico.
-¿Qué es lo que no entiendes? ¡Vete de una vez!
Pero ella no se movía, seguía a su lado, durmiendo tranquilamente, casi sin ropa, tan cerca... Que contenerse y no acercase a Rukia se hacía aún más difícil que dormir. Era irremediable que sintiese la necesidad de hacer “algo”, que un impulso le indujese a acortar las distancias, ya de por sí escasas entre ellos, y tocarla. Ella estaba dormida, y no se iba a dar cuenta de nada. ¡Y además, era su culpa por ir a su habitación a esas horas de la noche! Sabía que la shinigami llegaba allí en un estado de sonambulismo, pero su mente intentó ignorar ese punto.
Después de darle mil vueltas a la cabeza, su cuerpo decidió actuar. Quería saber cómo sería el roce de su piel al tacto, si ella lo notaría, si le gustaría... Su mano derecha se acercó a su cuerpo, lentamente, sabiendo que estaba haciendo algo que no debía hacer, y disfrutando por ello. Sus dedos rozaron su mejilla, apenas un segundo antes de retirase repentinamente, pero pronto las yemas de sus dedos acariciaban la mejilla de Rukia de nuevo, recorriendo su rostro desde sus ojos hasta su barbilla, descubriendo la suavidad su piel y el dulce aroma que provenía de su cabello. Sus dedos se acercaron a los labios, unos labios que jamás le habían parecido tan atrayentes y jugosos. Se acercó un poco más a ella. Con el dedo pulgar acarició el contorno del labio inferior, casi asustado por que Rukia despertase en ese momento y le descubriese, pero no fue así. En un momento de duda, apartó la mano de su rostro, para asegurarse de que ella no despertara. No debía estar haciendo eso, no debía. Esta vez sus ojos se fijaron en otro punto de la anatomía femenina, una que estaba un poco más abajo de su cuello, y que gracias a la finísima camiseta de tirantes, estaba medio cubierta. No debía hacerlo, pero quería. No, quererlo no era la palabra correcta, era demasiado débil; él lo deseaba. Su mano se dirigió, titubeante, hacia uno de los pechos de Rukia, casi temblando. Unos escasos centímetros le separaban de ella. Pero entonces recordó la maldita frase que le dijo a la shinigami la noche anterior:
“-¿Qué tipo de persona crees que soy? ¡Yo no te haría nada en contra de tu voluntad!”
Su mano acabó detrás de Rukia, encerrándola entre el cuerpo del muchacho, pero sin llegar a tocarla.
¿Por qué era todo tan difícil? ¿Por qué, de entre todas las personas, era Rukia la que tenía que acabar en su cama? Y lo peor de todo, ¿por qué él no podía hacerle nada? Si ella estuviese despierta, las cosas serían muy distintas. Aquella maldita frase no le taladraría el cerebro con un pequeño -terrible- sentimiento de culpa, y no estaría haciendo un esfuerzo descomunal para mantenerse alejado de ella.
-Rukia, despierta. -le rogó por centésima vez y, para variar, ella no le hizo ni caso.
Se incorporó, aumentando las distancias para su propia seguridad mental, y con una mano empezó a sacudir levemente el hombro de ella, a la vez que la llamaba por su nombre para despertarla. Y esta vez ella respondió. O, por lo menos, eso le pareció a Ichigo, que vio como la muchacha abría los ojos, confusa, y miraba a su alrededor, pero sin siquiera verle a él mismo. Todavía en medio del trance de sonambulismo que parecía sufrir, se levantó, ante la aliviada mirada del shinigami sustituto, y se dirigió hacia la puerta. Sus pasos eran lentos y, en lo que a Kurosaki le pareció una eternidad, Rukia alcanzó el pomo de la puerta y lo giró, adentrándose en el oscuro pasillo de su casa. Ahora Ichigo ya podía descansar. Ya no había ninguna enana que le impidiese dormir SÓLO en su cuarto. Soltó un suspiro y se dejó caer sobre su cama, que todavía guardaba un dulce aroma a fresas.
Miró por última vez hacia el pasillo, por donde Rukia había girado... A la izquierda... Aunque el cuarto de sus hermanas quedaba a la derecha... Y lo único que había en esa dirección era...
Un sudor frío comenzó a recorrerle todo el cuerpo, y un segundo más tarde ya se había levantado y seguido a Rukia en su travesía nocturna tan rápido que parecía haber usado sus poderes para llegar a su lado. La interceptó a medio camino, a unos cuatro, cinco pasos del lugar más peligroso en el que se podía meter la chica en el estado en el que estaba: la habitación de su padre. Rodeó sus hombros con sus brazos, en un acto de posesividad que jamás había experimentado, y la mantuvo a su lado unos segundos, sin saber muy bien qué hacer a continuación. Ella intentó deshacerse de su abrazo, pero sin mucha fuerza. En ese momento Ichigo se decidió. Cogió a Rukia con sus brazos y la llevó a la habitación de él. La tumbó a su cama sin mucho cuidado y se echó a su lado, aprisionándola con una brazo con fuerza, para asegurarse de que no fuese a ningún otro lugar, incluso si volvía a la habitación que compartía con Yuzu y Karin.
-De aquí no te mueves.
2ª Noche
No podía dormir. Por más que lo intentase, el recuerdo de lo ocurrido la noche anterior le hacía hervir la sangre y mantenerle completamente despierto.
Durante ese día, prácticamente no se habían dirigido la palabra, ni el uno ni el otro, ni siquiera para comenzar una de sus típicas peleas sinsentido. E Ichigo, todo aquello, lo habría podido definir en una única palabra, aburrido. Era terriblemente aburrido no tener a la shinigami a su alrededor haciéndole preguntas estúpidas y sacándole de quicio. ¡Quería las peleas que tenía con ella! ¡Hasta los golpes si hacía falta! Revisando sus pensamientos, se dio cuenta de que ese era un comportamiento con aires de masoquismo, pero en realidad no le importaba. Desde que la conocía, ese había sido el día más aburrido de su vida. ¡Tenía que hacer algo! Quizá el momento menos aburrido -porque tampoco se puede decir que fuese divertido del todo-, fue cuando varios de sus compañeros de clase le preguntaron por la marca roja que tenía en la mejilla, el tortazo cortesía de Kuchiki Rukia, que aún relucía en todo su esplendor como una marca perenne de la verdadera personalidad de Rukia.
Y ahora estaba él allí, tendido de espaldas sobre el colchón, muerto de asco y de aburrimiento. Y encima no podía dormir, porque... ¿y si Rukia volvía esa noche? Nah, imposible, no creía que la orgullosa Kuchiki cometiese el mismo error dos veces... Aunque le dijo que hacía poco había acabado en la cocina... ¿y si acababa en otro sitio, uno peligroso? ¡En el techo! ¡Había una trampilla que conducía al desván, y desde allí se podía llegar al tejado sin ninguna dificultad! O podía salir a la calle y encontrarse con algún desalmado y... Y lo más posible sería que ese pobre desalmado acabase con un par de huesos rotos como se acercase más de lo que debía. Y ella era una shinigami, un tejado no suponía ningún riesgo para ella...
Poco a poco, fue cayendo un sueño ligero, mientras pensaba en más lugares peligrosos, y enseguida los descartaba debido a las habilidades de Rukia. Ya prácticamente se había abandonado a un sueño reparador, que por alguna razón estaba lleno de conejitos del Playboy -mira que casualidad, el mismo dibujito que tenía Rukia en su ropa interior-, cuando la puerta se abrió, lentamente, provocando que las oxidadas bisagras chirriasen y dejasen a más de uno acojonado, y produciendo que en los sueños de Ichigo apareciese Jack el Destripador persiguiendo a los inocentes conejitos del Playboy. Se despertó a un segundo de que uno de los conejitos, que tenía los ojos azules, fuese atrapado. Un poco confundido por el estúpido sueño que había tenido -¿quién hubiese pensado que los conejitos y Jack apareciesen juntos en un sueño? - intentó volverse a dormir, pero nada más recostarse de nuevo sobre su cama, se dio cuenta de que no estaba solo en su habitación. Giró su rostro para poder mirar al intruso, sabiendo de antemano quién iba a ser.
Kuchiki Rukia había vuelto a su habitación.
El muchacho inmediatamente se incorporó, quizá esperando que la shinigami en realidad estuviese despierta y le tuviese que avisar de algún hollow que había decidido molestar por Karakura, pero no, la chica no parecía tener prisas, y ya de paso tampoco ropa, puesto que prácticamente era del mismo tipo que la del día anterior, si se exceptuaban unos pequeños, diminutos pantaloncitos que no cubrían lo necesario. Sus movimientos parecían naturales, pero sin una finalidad última, y sus ojos, completamente abiertos, miraban al vacío.
-¿Rukia?
En realidad sabía que ella no le iba a responder, pero aún así su voz reaccionó al verla. Y poco a poco también su cerebro, que se había encasquillado en la imagen erótica que le ofrecía Rukia en ese mismo momento.
-¡Será mejor que vuelvas a tu habitación! -le dijo en un tono alto, pero moderado, al mismo tiempo que señalaba hacia la puerta de su habitación. Pero por supuesto, ella ni siquiera se inmutó. -¡Joder, Rukia! ¡No tengo muchas ganas de... -la shinigami se movió, lentamente, y comenzó a caminar hacia él, con pasos lentos, gráciles... -Hey, Rukia... -un paso más y ya había alcanzado la cama. -Vu-vuelve a tu cuarto... -ella puso su rodilla sobre el colchón, que apenas se hundió bajo su peso, y se acercó aún más al muchacho, que hacía un esfuerzo descomunal para mantener a raya a todas sus hormonas. -¡Como sigas así voy a pensar que quieres algo!
Sabía que era inútil, lo sabía a la perfección, pero tenía que hacer algo, cualquier cosa, para detenerla. No se tenía por un santo que había prometido la castidad eterna a Dios, y si Rukia seguía comportándose de esa forma, no sabía cómo podría acabar todo esto.
Finalmente ella se tumbó a su lado, cerró los ojos y se acurrucó junto a él.
Si hasta ese momento ya le era difícil dormir, ahora era ya un imposible. Un sueño entre sueños.
-¡Rukia, joder, despierta de una puta vez!
Como respuesta, ella se acercó aún más a él, haciendo que el muchacho desease a la vez una ducha de agua helada y que la maldita Rukia estuviese haciendo todo eso por su propia voluntad, y no porque en su subconsciente algo le mandase a ir allí a dormir... Aunque esa última idea también era deliciosa. A los pocos segundos después de tener esos nefastos pensamientos, se reprendió a si mismo por ser un maldito imbécil y pensar en bobadas. Lo que tenía que hacer era despertar a Rukia y esperar que algo como esto no volviese a suceder.
Un nuevo movimiento por parte de Rukia, que se acomodó aún más en la cama adueñándose de la almohada y estirando las piernas todo lo que podía a lo largo y ancho de la cama, dejando a Ichigo encogido contra la pared.
-¡Serás egoísta! ¡Si te metes en la cama de alguien más sin su permiso, por lo menos no intentes echarle!
Y ella seguía sin escucharle, perdida en su mundo onírico.
-¿Qué es lo que no entiendes? ¡Vete de una vez!
Pero ella no se movía, seguía a su lado, durmiendo tranquilamente, casi sin ropa, tan cerca... Que contenerse y no acercase a Rukia se hacía aún más difícil que dormir. Era irremediable que sintiese la necesidad de hacer “algo”, que un impulso le indujese a acortar las distancias, ya de por sí escasas entre ellos, y tocarla. Ella estaba dormida, y no se iba a dar cuenta de nada. ¡Y además, era su culpa por ir a su habitación a esas horas de la noche! Sabía que la shinigami llegaba allí en un estado de sonambulismo, pero su mente intentó ignorar ese punto.
Después de darle mil vueltas a la cabeza, su cuerpo decidió actuar. Quería saber cómo sería el roce de su piel al tacto, si ella lo notaría, si le gustaría... Su mano derecha se acercó a su cuerpo, lentamente, sabiendo que estaba haciendo algo que no debía hacer, y disfrutando por ello. Sus dedos rozaron su mejilla, apenas un segundo antes de retirase repentinamente, pero pronto las yemas de sus dedos acariciaban la mejilla de Rukia de nuevo, recorriendo su rostro desde sus ojos hasta su barbilla, descubriendo la suavidad su piel y el dulce aroma que provenía de su cabello. Sus dedos se acercaron a los labios, unos labios que jamás le habían parecido tan atrayentes y jugosos. Se acercó un poco más a ella. Con el dedo pulgar acarició el contorno del labio inferior, casi asustado por que Rukia despertase en ese momento y le descubriese, pero no fue así. En un momento de duda, apartó la mano de su rostro, para asegurarse de que ella no despertara. No debía estar haciendo eso, no debía. Esta vez sus ojos se fijaron en otro punto de la anatomía femenina, una que estaba un poco más abajo de su cuello, y que gracias a la finísima camiseta de tirantes, estaba medio cubierta. No debía hacerlo, pero quería. No, quererlo no era la palabra correcta, era demasiado débil; él lo deseaba. Su mano se dirigió, titubeante, hacia uno de los pechos de Rukia, casi temblando. Unos escasos centímetros le separaban de ella. Pero entonces recordó la maldita frase que le dijo a la shinigami la noche anterior:
“-¿Qué tipo de persona crees que soy? ¡Yo no te haría nada en contra de tu voluntad!”
Su mano acabó detrás de Rukia, encerrándola entre el cuerpo del muchacho, pero sin llegar a tocarla.
¿Por qué era todo tan difícil? ¿Por qué, de entre todas las personas, era Rukia la que tenía que acabar en su cama? Y lo peor de todo, ¿por qué él no podía hacerle nada? Si ella estuviese despierta, las cosas serían muy distintas. Aquella maldita frase no le taladraría el cerebro con un pequeño -terrible- sentimiento de culpa, y no estaría haciendo un esfuerzo descomunal para mantenerse alejado de ella.
-Rukia, despierta. -le rogó por centésima vez y, para variar, ella no le hizo ni caso.
Se incorporó, aumentando las distancias para su propia seguridad mental, y con una mano empezó a sacudir levemente el hombro de ella, a la vez que la llamaba por su nombre para despertarla. Y esta vez ella respondió. O, por lo menos, eso le pareció a Ichigo, que vio como la muchacha abría los ojos, confusa, y miraba a su alrededor, pero sin siquiera verle a él mismo. Todavía en medio del trance de sonambulismo que parecía sufrir, se levantó, ante la aliviada mirada del shinigami sustituto, y se dirigió hacia la puerta. Sus pasos eran lentos y, en lo que a Kurosaki le pareció una eternidad, Rukia alcanzó el pomo de la puerta y lo giró, adentrándose en el oscuro pasillo de su casa. Ahora Ichigo ya podía descansar. Ya no había ninguna enana que le impidiese dormir SÓLO en su cuarto. Soltó un suspiro y se dejó caer sobre su cama, que todavía guardaba un dulce aroma a fresas.
Miró por última vez hacia el pasillo, por donde Rukia había girado... A la izquierda... Aunque el cuarto de sus hermanas quedaba a la derecha... Y lo único que había en esa dirección era...
Un sudor frío comenzó a recorrerle todo el cuerpo, y un segundo más tarde ya se había levantado y seguido a Rukia en su travesía nocturna tan rápido que parecía haber usado sus poderes para llegar a su lado. La interceptó a medio camino, a unos cuatro, cinco pasos del lugar más peligroso en el que se podía meter la chica en el estado en el que estaba: la habitación de su padre. Rodeó sus hombros con sus brazos, en un acto de posesividad que jamás había experimentado, y la mantuvo a su lado unos segundos, sin saber muy bien qué hacer a continuación. Ella intentó deshacerse de su abrazo, pero sin mucha fuerza. En ese momento Ichigo se decidió. Cogió a Rukia con sus brazos y la llevó a la habitación de él. La tumbó a su cama sin mucho cuidado y se echó a su lado, aprisionándola con una brazo con fuerza, para asegurarse de que no fuese a ningún otro lugar, incluso si volvía a la habitación que compartía con Yuzu y Karin.
-De aquí no te mueves.
-o-o-o-o-o-
Quedan tres o cuatro partes... pero valdrá la pena!
Sindicación
24/02/2010 @ 07:00:17
por rolex
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24/02/2010 @ 06:05:48
por rolex
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24/02/2010 @ 06:01:39
por rolex
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24/02/2010 @ 05:59:40
por rolex
Hola, me podrias decir como hago ...
06/10/2009 @ 04:58:41
por Briceño